VOLVEMOS A LOS TECNÖCRATAS
Tendría diez años cuando oí por primera vez esta palabra. Mi mente, inmersa en otro mundo hizo una extraña asociación de ideas y me provocó una imagen caricaturesca de estos señores. Me imaginaba a unos seres malvados, empeñados en hacer la puñeta a la Humanidad. Más tarde, cuando los vi sentados en los Consejos de Ministros de Franco, me llevé una gran decepción al comprobar que, aparentemente, se trataba de gente normal.
El vocablo salió a la luz allá por los años treinta ideado por Howard
Scot. Con él se refería a los partidarios de dirigir la Economía con métodos de carácter «ingenieril», pretendiendo con ello impedir la aparición de nuevas crisis económicas. El término tuvo un éxito inusitado y se extendió como la pólvora para designar como tecnócratas a quienes trataban de resolver los problemas económicos con medidas técnicas, ignorando las tensiones que pudieran surgir. Su mejor campo de aplicación resultaba ser, pues, cuando el estado se va a la deriva y no garantiza un resurgimiento de las economias y se deben tomar medidas «tecnocráticas
No es coincidencia que el concepto se pusiera de moda en una época convulsa, en la que los valores sociales estaban en desorden total; época en la que, poco después, en 1984, se veian sociedades adormecidas, y en la que, después de la Gran Depresión, la crisis por excelencia del siglo XX, se impusieran estados totalitarios de todos los signos.
Vuelven los tecnócratas a Europa, afortunadamente en un contexto de libertades. Han sido llamados a rebato por unos políticos agotados e incapaces de sacar a sus países de la crisis, entre otras cosas, porque carecen del nivel profesional necesario para afrontarla. Son, ante todo, los TENOCRATAS profesionales de alto nivel técnico y en algunos casos, exentos de afiliación política.
En algún país ya los políticos han colocado en los lugares de relevancia a los mejor preparados de sus respectivas sociedades y no a los mejor colocados de sus propios partidos. Esperemos que en España ocurra algo parecido.