| |
Consejero de Dogi y La Seda.
Rafael Español Navarro es un empresario atípico y puede lucir en su currículum la particularidad de que por dos veces ha sido llamado a salvar empresas seducidas y abandonadas por sus amos. El primer caso ocurrió hace 22 años, cuando los americanos de Monsanto se marcharon de Aiscondel de forma repentina, durante un fin de semana, y dejaron solo a Rafael Español, bueno, no tan solo porque estaba acompañado por 2.000 trabajadores. Y logró salvar la compañía.
Hace nueve años ocurrió lo mismo en La Seda de Barcelona, cuando Rafael Amézola le encarga la dirección general de la entidad tras la escapada del accionista holandés Akzo que detentaba el 57 por ciento del capital. La empresa era entonces presa idónea para especuladores o para alguien que quisiera utilizarla como puerta de entrada al mercado europeo, pero Español no quiso jugar esta carta sino que pensó que la compañía había que salvarla porque era un bien para la economía catalana y española. El objetivo está conseguido y hoy La Seda encabeza un poderoso grupo químico-textil rentable y en fase de clara expansión. Para alcanzarlo, el presidente de la compañía ordenó el desbarajuste accionarial y económico en que estaba sumido el grupo y contó, justo es decirlo, con la plena colaboración de los empleados que apostaron por el futuro cuando decidieron aportar a La Seda todos los activos del Patronato de los Trabajadores, en un intento exitoso por salvarla, que algunos consideran como caso único en el mundo entero. A la hora de los agradecimientos, Español recuerda los muchos apoyos recibidos, como es el caso de Juan Abelló, quien en su día puso encima de la mesa 2.200 millones de pesetas. Luego llegó el núcleo estable que permitió el relanzamiento definitivo de La Seda, con empresarios que han creído en el proyecto como son José Manuel Lara, Juan Castells y Enrique Masó, o entidades como Caixa Catalunya y el grupo portugués Imatosgil.
Y por tercera vez, este empresario nato al que le gustan los retos difíciles, recibe un encargo que repite el envite por las metas ambiciosas: enderezar Majórica, objetivo que es probable vuelva a plasmar en la realidad, tras haber formado un núcleo accionarial de primera línea al frente de esta fábrica de perlas que goza de un producto y una marca prestigiados en todo el mundo. Por tres o cuatro conductos diferentes, distintos amigos comentan con Español el tema de que Majórica está en venta; analiza el proyecto y contesta que apoyará alguna iniciativa sobre la base de crear una estructura accionarial y ejecutiva apropiada. Es así como aglutina un grupo de 32 inversores que entran con ilusión en el tema, acoplando a la vez un excelente equipo ejecutivo con el que ya había trabajado en otras operaciones como Viscoseda e Hispano Química.
Una particularidad de Rafael Español es su convencimiento de que una compañía tirará adelante si de verdad hay voluntad por parte de los trabajadores de que esto sea así, además de contar con un proyecto industrial que tenga sentido.
¿ Cual sera la proxima, Dogi ? |
|