Es como lo de Sarko. Ahora dice que estará en Pekín
y que no se perdería por nada del mundo la ceremonia inaugural de los juegos. Dos reactores nucleares, trenes de alta velocidad, 160
Airbus y 16000 millones de euros de contratos globales hacen milagros.
Estos chinos, cuando amenazan con negociar con otros, son la leche.