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Mensaje votado. Responder al mensaje Voto positivo Escrito por: [badtrader] (19:22, 15/Abr)

Un turno para el español pasmado y atónito

Lorenzo Contreras
Estupefacto significa, según el Diccionario de la Academia, atónito, pasmado. El Gobierno que acaba de formar Zapatero ha conseguido plenamente producir ese efecto en multitud de españoles, entendiendo por multitud en este caso una cifra que sería muy interesante cuantificar mediante la correspondiente investigación o consulta. Para eso está, por ejemplo, el CIS. En su ayuda pueden también acudir los habituales equipos de sondeos que los diarios y medios de comunicación contratan para explorar sus dudas o sus certezas. De seguro que ese estudio “no faltará a la cita”, como decía Antonio Machado de su propia muerte.

El pasmo general que el nuevo Gobierno produce será sin duda negado como tal sentimiento por todos aquellos/aquellas que han hecho de su devoción a Zapatero, o a la marca que ZP representa, una especie de rendición incondicional. No cabe descartar, a la vista de la relación de nombres ofrecida a la consideración ciudadana, alguna exultación más o menos forzada que haga de Zapatero la viva encarnación de la genialidad. Porque, a fuer de sinceros, sería difícil que algún pasmado de turno no saliera por el inesperado registro de sostener que el concepto de igualdad, con toda su amplitud de significados, sirva maravillosamente para acotar el ámbito de un ministerio, que además gestionará una flamencóloga llamada Bibiana, de 31 años, nacida dentro de los estrictos límites temporales de la actual democracia y ni un minuto menos. En realidad Bibiana ya se ha garantizado el paso a la historia, aún más que Soraya, como “la hija de Rajoy”. Por juventud, por inmadurez, por verdor, por tantos factores como suscita el concepto de igualdad, uno de los emblemas de la Revolución Francesa, Bibiana ya no necesita apellido. Bibiana, como Soraya, será siempre eso, Bibiana sin más, como Agustina, con perdón de los aragoneses/as.

Pero el pasmo no acaba en Bibiana. Ahí tenemos, para la historia universal de la estupefacción, a Maleni, la famosa Mandatela de los andaluces que la gestaron, que ha sido capaz de prevalecer como ministra de Fomento por encima de su catastrófica gestión, y ello, sobre todo, gracias al espanto que su eventual retorno a los organigramas políticos de la Junta de Andalucía inspiraba a un personaje tan desconfiado como Manuel Chaves.

¿Y qué decir de Miguel Sebastián, más conocido en los momentos en que rompía el cascarón de su anonimato como “Miguel ¿qué?”, convertido ya en el contraministro de Economía desde su cartera de Industria, y ello hasta el punto de hacer exclamar a Solbes que la política económica es suya, de su propiedad competencial? Pocas veces en política, en una coyuntura de nombramientos, se habrá registrado con tanta claridad un ataque de cuernos tan nítido y sonoro.

Es tiempo de comprobaciones por otra parte. Ahora se comprende que Mariano Fernández Bermejo, confirmado como ministro de Justicia en medio de las tormentas que asedian a su departamento por parte de un furioso funcionariado, y después de tantos escándalos por fallos judiciales no corregidos, desplegara tanta inversión y tanto gasto en embellecer y magnificar su marco ministerial de actuación. Don Mariano se sabía intocable. Lo sabía desde toda la eternidad. ¿Quién como él? La Justicia está en él personificada, y no serán suficientes para remover su pedestal las cóleras episódicas de unos funcionarios rebelados contra agravios comparativos salariales, de otras Comunidades Autónomas. El señor Fernández Bermejo necesitaba suministrar esplendor a ese marco que le esperaba y le estaba garantizado.

En la relación de estupefacciones queda una más por referir, y no precisamente la menor: ¡Carme Chacón, ministra de Defensa! Según testimonios fundados, todavía se están frotando los ojos en los altos estamentos de las Fuerzas Armadas. Creen los muy escépticos que una señora ajena a las complejidades de tales cometidos no será capaz de reunir la suficiente lucidez para organizarlos; para ponerlos en orden y correcto funcionamiento; para atinar en la política de nombramientos y en la distribución de responsabilidades interiores y exteriores; para darle, a través del estamento armado, un estímulo de vibración patriótica y voces de mando a esta España medio desmayada que sólo una catalana de segunda fase generacional y patriotismo no demostrado, ha de encargarse de retrotraer a los tiempos del general Prim...
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