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Colonial provoca una crisis en el Popular, uno de sus acreedores
Graciano Palomo
La entidad financiera difícilmente podrá cobrar su deuda si no es canjeándola por títulos de la constructora de Portillo. Pero dos importantes accionistas del banco rechazan la operación
ÁNGEL RON
El presidente del Banco Popular tiene un problema: importantes accionistas como Nicolás Osuna y Américo Amorin no quieren ni oír habla de cobrar la deuda con Colonial en forma de acciones.
La crisis de Inmobiliaria Colonial, uno de los grupos del ladrillo más señeros de España hasta que llegó la desaceleración, está afectando de plano a las entidades crediticias más importantes del país, entre ellas el Banco Popular y La Caixa, prestamistas en su día de importantísimas cantidades de dinero.
Después de que el fondo de inversión de Dubai no entrara finalmente en la puja por quedarse con la empresa española presidida por el sevillano Luis Portillo, una de las pocas salidas que le queda es que sus principales acreedores se conviertan en accionistas de Colonial, además de vender los importantes activos que todavía tiene esta empresa del sector inmobiliario, como el 15% de la multinacional FCC y sus filiales en Francia y otros países europeos.
De hecho, en el consejo de administración del estable Banco Popular, considerado como una de las entidades financieras más eficientes del mundo en los rankings de calificación, la estrategia a seguir con Colonial provoca división de opiniones entre los socios del núcleo duro que preside Ángel Ron.
Entre estos consejeros que se opondrían a la entrada del Popular en el accionariado de la inmobiliaria se encuentra Nicolás Osuna, accionista de referencia en la entidad bancaria y presidente del Grupo Noga, dedicado también y entre otras cosas a los negocios del ladrillo.
No quiere ni oír hablar de ello.
No es el único. De hecho, otros de los principales accionistas del banco, el gran empresario portugués Américo Amorin, cuyos negocios del corcho le han convertido en el hombre más rico del país vecino, también se niega a esta operación estratégica del Popular.
Sus argumentos son claros: esa entrada podría provocar una merma en los extraordinarios resultados que el banco cosecha año tras año, y ello no sólo es malo para el accionista en el reparto de beneficios, sino que también afectaría a la propia imagen de la entidad.
Pero Ron, como otros banqueros, tiene un problema: cómo recuperar la deuda que Colonial tiene con su entidad. Cuestión nada fácil por cuanto la liquidez actual de la empresa de Portillo no pasa por su mejor momento, pese a que el negocio del alquiler marcha viento en popa.
Otros acreedores financieros tienen exactamente el mismo problema.
Saludos |
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