Tres clases de empresas para invertir
Examinamos ahora otra muy interesante clasificación de empresas propuesta por Peter Lynch en su magnífica obra “Un paso por delante de la bolsa” (One up on Wall Street). Eligiendo comprar acciones en cualquiera de estas seis categorías y teniendo claro cuándo hacerlo y lo que podemos esperar de ellas, posiblemente obtendremos unos rendimientos más que satisfactorios, nos asegura Lynch. Por su extensión, tratamos este tema en dos artículos, estando dedicado este primero al repaso de los tres primeros grupos.
La primera de esta clase de valores en los que invertir es la que agrupamos bajo el epígrafe de “crecimiento”. Son todas aquellas empresas cuyos ingresos por acción se incrementan como mínimo por encima del 15%, o mejor aún 20%, anual. Dicho de otro modo, son empresas capaces de duplicar su beneficio cada tres o cuatro años y de hacerlo principalmente a través del crecimiento orgánico y la reinversión de lo ganado. Conviene tener presentes un par de advertencias con respecto a las mismas. El momento ideal para invertir en ellas es una vez han demostrado la viabilidad del modelo de negocio evitando empresas que prometen mucho, pero aún no han demostrado nada (como tantas punto.com a finales de los 90) y siempre y cuando el múltiplo PER con el que cotizan sea inferior a la tasa de crecimiento a medio plazo esperada. Dicho de otro modo que su PEG sea inferior a 1 y si puede ser inferior a 0,75. También es prudente evitar empresas de este tipo con un PER superior a 30 pues la historia demuestra que mantener crecimientos superiores al 30% un periodo de tiempo prolongado es algo extremadamente improbable.
La segunda clase de acciones propuesta por Lynch es la de “empresas sólidas”. Este epígrafe está constituido por empresas importantes con ratios de rentabilidad económica y crecimiento por encima de la media, pero ya algo maduras para tener los crecimientos extraordinarios del primer grupo. Estas empresas constituyen una excelente opción para los inversores que apuestan por el valor. Aquí la mejor opción es comprar a múltiplos PER (la relación entre el precio de la acción y la parte alícuota en el beneficio anual del negocio de la misma) bajos y aprovechar la doble revalorización que a medio plazo debe producirse en las mismas merced al crecimiento del beneficio anual y el ajuste del PER hacia múltiplos más elevados. Una vez obtenida tal revalorización que de acuerdo con Lynch puede estar en torno al 50 ó 60% en un par de años, lo ideal es rotar hacia otros valores de este mismo grupo que de nuevo cumplan las condiciones señaladas.
Una tercera opción está constituida por las “acciones de alto dividendo”. Esta elección es ideal para aquellos inversores que necesitan rentas monetarias anuales –principalmente jubilados, viudas y huérfanos-. Aquí no basta con seleccionar la empresa que haya dado el mejor dividendo el último año, sino que nos cubriremos eligiendo valores con impecables historiales (al menos más de diez años sin fallar el pago en ninguno de ellos) y niveles de pay out (el porcentaje del beneficio que reparten cada año) no demasiado altos. Generalmente este tipo de empresas tiene un importante volumen de su corriente de ingresos más o menos garantizado por la gran estabilidad de su negocio (en seguida viene a la mente el caso de las eléctricas, la red de
gas, etc.) o su carácter de concesionaria de algún servicio público (autopistas por ejemplo). El hecho del pago del propio dividendo suele servir también como soporte preventivo de fuertes caídas en la cotización. Tenemos así que este tipo de acciones son lo más parecido a la renta fija que uno puede encontrarse en el mercado de acciones, si bien con la eventual ventaja de que el dividendo tiene tendencia a incrementarse con el paso de los años cosa que no ocurre generalmente con el cupón de los bonos (salvo los indiciados a la inflación).