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Propongo la idea de que tanto tú, como yo, como...
todos los dolientes que nos encontramos en la misma situación, hiciésemos construir un paso sacramental para poderlo pasear en la próxima Semana Santa por esos pueblos de Dios. Y como somos la leche, en lugar de figuritas de madera, gasas y purpurina (¡mariconadas para costaleros anémicos, en suma!), las podríamos encargar de plomo. Plomo del bueno. Que nosotros podemos con todo.