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Comentario

La crisis civilizatoria y el papel de la ?tica

Mamvas el 16/07/2017

Frei Betto, Alai

En griego, ethos significa casa en el sentido amplio de h?bitat del ser humano, tanto en lo relativo a la naturaleza como a la vida social. Ethos es una casa en construcci?n, y en ella el ser humano se pregunta por el sentido de s? mismo, por el rumbo y el objetivo del proyecto que asume. La ?tica es, pues, un proceso mediante el cual conquistamos nuestra humanidad y construimos nuestra casa, o sea, nuestra identidad como persona (ser pol?tico) y como clase social, pueblo y naci?n.

La humanizaci?n de s?, de los otros y del mundo es un permanente "llegar a ser", seg?n el punto de vista apuntado por Teilhard de Chardin: cuanto m?s nos espiritualizamos, m?s nos humanizamos. Y nuestra espiritualizaci?n es una cuesti?n ?tica antes que una opci?n religiosa.

El ser humano tiene dos actitudes posibles ante la vida: vivir de la tradici?n o de la innovaci?n. Vive de la tradici?n quien se somete al mundo en el que se inserta sin cuestionarlo ni cuestionarse en ?l. Es la tendencia predominante en este mundo globocolonizado en el que vivimos hoy. El modo de la tradici?n es propio de los animales, incapaces de innovar su h?bitat. Son at?vicamente presos de la naturaleza.

Al ser humano le es dado el poder de innovar, de distanciarse de la naturaleza y de s? mismo, de preguntarse por el sentido de la vida y los valores a asumir ante el abanico de opciones que se abre a su libertad. Porque somos esencialmente seres hist?ricos llamados a hacer historia.

La libertad no es dar rienda suelta a los deseos. A??dase que, con frecuencia, nuestros deseos no son propiamente nuestros. Son deseos de otros infundidos en nosotros por la publicidad y la trivialidad. Libre es quien se distancia de la tradici?n, de las presiones circundantes y, al indagar por el sentido, act?a de acuerdo con la inteligencia. La modernidad prefiere decir: act?a de acuerdo con la raz?n. Pero "la raz?n es la imperfecci?n de la inteligencia", alert? Santo Tom?s de Aquino. El conocimiento no se adquiere solo mediante la raz?n; involucra la intuici?n, los sentimientos, las emociones, el sentido est?tico, etc. As?, la ?tica no nace del logos, sino del pathos, all? donde reside la emoci?n. Nace de la tierra f?rtil de la subjetividad, en la que se fortalecen las ra?ces de nuestros valores y principios.

La raz?n es la estancia intermedia entre el pathos y la contemplaci?n, la forma suprema de conocimiento, el que nos hace vivenciar lo Real. Si no percibimos esa diferencia, somos capaces de reconocer la miseria y analizarla (raz?n), pero no siempre somos sensibles a ella o nos produce indignaci?n, hasta el punto de actuar para erradicarla ( pathos ).

?tica social S?crates fue condenado a muerte por herej?a, como Jes?s. Lo acusaron de predicarles nuevos dioses a los j?venes. En realidad, la iluminaci?n de S?crates no le abri? los ojos para ver el Cielo, sino la Tierra. Advirti? que no pod?a deducir del Olimpo una ?tica para los humanos. Los dioses ol?mpicos pod?an explicar el origen de las cosas, pero no dictarles normas de conducta a los seres humanos.

La mitolog?a, repleta de ejemplos nada edificantes, oblig? a los griegos a buscar en la raz?n los principios normativos de nuestra buena convivencia social. La promiscuidad reinante en el Olimpo pod?a ser objeto de creencia, pero no conven?a que se tradujera en actitudes; as?, la raz?n conquist? autonom?a frente a la religi?n. En busca de valores capaces de normar la convivencia humana, S?crates apunt? a nuestra caja de Pandora: la raz?n.

Si nuestra moral no dimana de los dioses, entonces somos nosotros, los seres racionales, quienes debemos instituirla. En Ant?gona, la pieza teatral de S?focles, Creonte le proh?be a Ant?gona sepultar a su hermano Polinice en nombre de razones de Estado. La protagonista se niega a obedecer "leyes no escritas, inmutables, que no datan de hoy ni de ayer, que nadie sabe cu?ndo aparecieron". Es la afirmaci?n de la conciencia sobre la ley, de la ciudadan?a sobre el Estado, del derecho natural sobre el divino.

S?crates sosten?a que la ?tica exige normas constantes e inmutables. No puede depender de la diversidad de opiniones. Plat?n aportar? luces a la raz?n humana, al ense?arnos a discernir entre realidad e ilusi?n. En su Rep?blica, recuerda que, para Tras?maco, la ?tica de una sociedad refleja los intereses de quienes detentan el poder en ella. Concepto que ser?a retomado por Marx y aplicado a la ideolog?a. ?Qu? es el poder? Es el derecho concedido a un individuo o conquistado por un partido o clase social de imponer su voluntad a los dem?s. Y Arist?teles nos apartar? del solipsismo al asociar felicidad y pol?tica.

M?s tarde, Santo Tom?s de Aquino, inspirado en Arist?teles, nos dar? las primicias de una ?tica pol?tica, al priorizar el bien com?n y valorizar la conciencia individual como reducto incorruptible, y la soberan?a popular como el poder por excelencia. Maquiavelo, por el contrario, despojar? la pol?tica de toda ?tica, al reducirla a mero juego de poder y comercio de intereses, en los que los fines justifican los medios.

Lo moderno y lo posmoderno La crisis civilizatoria es un fen?meno singular que nos sit?a en la frontera entre dos proyectos civilizatorios: el moderno y el posmoderno.

Hoy en d?a experimentamos algo que nuestros bisabuelos no conocieron: un cambio de ?poca. Ellos conocieron per?odos de cambios. No fueron, como nosotros, contempor?neos de un cambio de ?poca.

Durante los ?ltimos dos milenios, la historia de Occidente estuvo signada por dos grandes ?pocas: la medieval y la moderna. La primera se prolong? durante mil a?os. La segunda, la mitad que la primera.

Lo que caracteriza a una ?poca es su paradigma. El de la ?poca medieval era la religi?n. La centralidad de la fe cristiana favoreci? la hegemon?a pol?tica de la Iglesia. Toda la cosmovisi?n de la Edad Media estaba marcada por factores religiosos y nociones teol?gicas.

Esa religiosidad infundi? en las personas una ?tica basada sobre la noci?n del pecado, el miedo al infierno y la esperanza de alcanzar una vida eterna feliz despu?s de la muerte. Eso no significa que los medievales estuvieran exentos de actitudes anti?ticas. Por el contrario, la carencia de libertad de expresi?n y pluralismo pol?tico favoreci? la intolerancia religiosa manifestada por la Inquisici?n en la ejecuci?n de supuestos herejes y en empresas colonialistas que, travestidas de Cruzadas, saquearon tierras y riquezas de pueblos tenidos por imp?os o enemigos de la fe cristiana.

La ?poca medieval se desplom? entre los siglos XIII y XV debido a la influencia de la nueva cosmolog?a de Cop?rnico, que desbanc? la de Ptolomeo; los viajes mar?timos emprendidos por la Pen?nsula Ib?rica; el descubrimiento del Nuevo Mundo; la introducci?n en Europa de las obras de Plat?n y Arist?teles; y el acervo cient?fico aportado por los ?rabes. Esos fueron algunos de los factores que pusieron en jaque el paradigma medieval y, al cabo de poco tiempo, introdujeron el nuevo paradigma que sustentar?a la modernidad: la raz?n y sus dos hijas dilectas, la ciencia y la tecnolog?a.

Con Kant, la modernidad busc? escapar de los par?metros religiosos basando la ?tica sobre valores subjetivos y universales. No obstante, algunos de sus fil?sofos m?s importantes, como Husserl, Heidegger y Whitehead no le concedieron importancia a la cuesti?n ?tica. Excepciones notables son Bergson y Scheller.

Para Kant, la grandeza del ser humano no reside en la t?cnica, en subyugar la naturaleza, sino en la ?tica, en su capacidad para autodeterminarse a partir de su libertad. Existe en nosotros un sentido innato del deber, y no dejamos de hacer algo porque sea pecado, sino porque es injusto. Y la ?tica individual debe complementarse con la ?tica social, ya que no somos un reba?o de individuos, sino una sociedad que exige, para la buena convivencia, normas y leyes y, sobre todo, la cooperaci?n de los unos con los otros.

Hegel y Marx recalcaron que nuestra libertad es siempre condicionada, relacional, porque consiste en una construcci?n de comuniones con la naturaleza y nuestros semejantes. Aun cuando la injusticia convierte a algunos en desemejantes.

En las aguas de la ?tica judeo-cristiana, Marx resalta la irreductible dignidad de cada ser humano y, por tanto, el derecho a la igualdad de oportunidades. En otras palabras, somos tanto m?s libres cuando m?s construimos instituciones que promuevan la felicidad de todos.

La filosof?a moderna har? una distinci?n aparentemente avanzada que, de hecho, abre un nuevo campo de tensi?n, al subrayar que, respetada la ley, cada quien es due?o de sus actos. La privacidad como reino de la libertad total. El problema de ese enunciado es que traslada la ?tica de la responsabilidad social (cada quien debe preocuparse por todos) a los derechos individuales (cada quien que cuide de s?).

Esa distinci?n amenaza con hacer ceder a la ?tica frente al subjetivismo egoc?ntrico. Tengo derechos, prescritos en una Declaraci?n Universal, pero, ?y los deberes? ?Qu? obligaciones tengo para con la sociedad en la que vivo? ?Qu? tengo que ver con el hambriento, el oprimido y el excluido? De ah? la importancia del concepto de ciudadan?a. Las personas son diferentes y, en una sociedad desigual, se les trata seg?n su importancia en la escala social. Pero el ciudadano, pobre o rico, es un ser dotado de derechos inviolables y deberes para con el bien com?n, y est? sujeto a la ley como todos los dem?s.

La crisis de la modernidad Todos los contempor?neos de este inicio del siglo XXI somos hijos de la modernidad. Su advenimiento, entre los siglos XV y XVI, hizo brotar un gran optimismo en cuanto a su futuro. Se crey? que pondr?a fin a las guerras, la peste, el hambre y tantos males que afectaban a las personas en el Medioevo. Ese optimismo se expres? en las obras de Voltaire, Tom?s Moro, Campanella y otros.

La modernidad produjo una escisi?n entre la ?tica y la pol?tica. Se privatiz? la ?tica, que se limit? a las virtudes asumidas por el individuo, y en cuanto a la pol?tica, se estableci? como un campo que prescind?a de la eticidad. Y se convirti? en mera herramienta de b?squeda del poder y permanencia en ?l, como si fuera un fin en s? mismo.

Somos la ?ltima generaci?n moderna. Podemos mirar atr?s y hacer un balance de la modernidad. Hay que reconocer que en los ?ltimos 500 a?os la humanidad logr? grandes avances, desde el saneamiento b?sico hasta la comunicaci?n digital. Llegamos a posar los pies sobre la superficie de la Luna, pero seguimos siendo incapaces de aportarle nutrientes esenciales al organismo de millares de ni?os cuyas vidas se ven segadas precozmente por el hambre.

La modernidad fue atropellada por el capitalismo. La "?tica" de los resultados sustituy? a la ?tica de los principios. En nombre del desarrollo, el progreso, el crecimiento econ?mico y la paz, se implantaron el colonialismo y el neocolonialismo; se diseminaron las guerras; se acumularon arsenales nucleares; se distribuy? de manera piramidal la riqueza del mundo; se le impuso al planeta, mediante la globocolonizaci?n imperialista, un ?nico modelo de sociedad, el del consumismo hedonista, que induce a las personas a trocar la libertad por la seguridad.

Hoy, los habitantes de la Tierra somos 7 mil 200 millones, de los cuales casi la mitad carece de condiciones dignas de vida. Baste recordar los datos divulgados por la ONG brit?nica OXFAM en enero de 2017: 8 individuos tienen en sus manos la misma renta de 3, 6 mil millones de habitantes del mundo, ?la mitad de la humanidad!

En materia de ?tica estamos, como dir?a Guimar?es Rosa, en la tercera margen del r?o. Abandonamos la ?tica religiosa de la ?poca medieval, fundada sobre la noci?n del pecado, y a?n no hemos logrado alcanzar la ?tica socr?tica basada sobre la raz?n. Es ese vac?o el que le permiti? al capitalismo desfigurar los cimientos de la modernidad, deshacer los grandes relatos, proclamar el "fin de la historia" y propalar la falacia que intenta imponernos la idea de que la democracia y el capitalismo son connaturales. Ese vac?o cre? un espacio para que se proclamara la competitividad como valor y virtud, descartando la solidaridad.

?Hay que hacer la cr?tica de la raz?n monetarista! Es ella la que pretende que todos seamos consumistas y no ciudadanos; meros juguetes entregados a la mano invisible del mercado y no protagonistas sociales; y adeptos de la fe en el fin de la historia, o sea, la inmaculada concepci?n en que el capitalismo est? dotado de calificativos divinos: eterno, omnipresente, omnisciente y omnipotente.

La pregunta fundamental que se nos plantea hoy es cu?l ser? el paradigma de la posmodernidad. ?El mercado, la mercantilizaci?n de todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, o la globalizaci?n de la solidaridad?

Temo que prevalezca el mercado, a menos que seamos capaces de aglutinar fuerzas para una poderosa movilizaci?n en torno a una nueva propuesta ?tica, fundada sobre dos principios b?sicos: la irreductible sacralidad de toda vida humana y el compartir de los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano.

La vida humana extrapola toda ideolog?a, filosof?a o teolog?a. Es un milagro de la naturaleza, si consideramos las excepcionales condiciones ambientales que permitieron su aparici?n, y para nosotros los cristianos, es un don de Dios. Hay que subrayar que hoy esas condiciones est?n amenazadas por la devastaci?n de la naturaleza. Como advierte James Lovelock, la "venganza de Gaia" puede anticipar el apocalipsis.

Solo la firma convicci?n de que todos sin excepci?n, incluido el criminal m?s incorregible, tenemos derecho a la vida, puede llevarnos a superar todo tipo de prejuicio o exclusi?n. La ?tica exige justicia y, por tanto, que se castigue al delincuente en nombre de la defensa de los derechos de la comunidad. Pero la vida del delincuente es el l?mite de la ley. Esa vida no debe ser extinguida, ni debe neg?rsele al delincuente su dignidad humana por medio de la tortura o de condiciones abyectas de encarcelamiento.

Lo mismo se aplica a todas las dem?s relaciones sociales y, por tanto, implica el fin de toda forma de opresi?n, desde la relaci?n interpersonal y de g?nero, como en el matrimonio, hasta las relaciones institucionales de trabajo, en las que debe prevalecer la dignidad humana sobre la ambici?n de lucro, y se debe sobreponer la solidaridad a la competitividad.

Esa dimensi?n relacional debe complementarse con la dimensi?n social de la ?tica. La humanidad no tiene futuro si no se comparten los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano. Se trata de una cuesti?n aritm?tica que depende de un desaf?o ?tico: o les aseguramos a todos medios suficientes para una vida digna, incluidas las condiciones socioambientales, o, como alertara Thomas Piketty, caminaremos rumbo a la barbarie, esto es, la concentraci?n de la renta en manos de un n?mero cada vez menor de afortunados conducir? a la humanidad a un colapso, porque los pueblos de las naciones perif?ricas afectadas por la guerra, la falta de trabajo, vivienda y alimentaci?n suficiente, tratar?n cada vez m?s de refugiarse en los pa?ses ricos. Y los recursos naturales, como el agua potable, ser?n cada vez m?s escasos y estar?n monopolizados por grandes empresas transnacionales. En resumen, el efecto de la progresiva privatizaci?n de los recursos naturales ser? la exclusi?n progresiva de grandes contingentes humanos del acceso a los bienes esenciales para la vida.

Joseph Schumpeter explicit? en 1912 la naturaleza anti?tica del capitalismo, al insistir en que su motor era la "destrucci?n creativa", o sea, que le cabe al mercado descartar las actividades y las personas que no son suficientemente productivas, y obligar as? a los d?biles a cederles su lugar a los fuertes. Ese darwinismo social abri? un espacio para el surgimiento de la competencia desenfrenada. Y sirve para justificar las guerras.

En 1980, la suma de los activos financieros mundiales equival?a al PIB global, unos 27 billones de d?lares estadounidenses. En 2007, poco antes de que estallara la primera gran crisis financiera del siglo XXI, el PIB mundial era de 60 billones, y los activos financieros de 240 billones, ?cuatro veces mayores! Esa es la famosa "burbuja", que se sigue hinchando...

Por tanto, sin ?tica no habr? avance civilizatorio. Sin ?tica, el hombre se convertir?, de hecho, en lobo del hombre. Sin ?tica, el capitalismo se fortalecer?, y la ambici?n de lucro y apropiaci?n privada de la riqueza cobrar? m?s importancia que la defensa y la preservaci?n de los derechos humanos.

No habr? sociedad ?tica mientras haya capitalismo.

La izquierda y la ?tica La credibilidad de la izquierda depende, sobre todo, de su actitud ?tica. Fidel insist?a en ese principio: "Un revolucionario puede perderlo todo, la libertad, los bienes, la familia, hasta la vida, menos la moral".

En el siglo XX era costumbre entre los integrantes de la izquierda la pr?ctica de la autocr?tica. Guardando las proporciones, esa pr?ctica ten?a su origen en el acto penitencial de los cristianos al reconocer sus pecados. Al escalar al poder en la Uni?n Sovi?tica, Stalin se erigi? en ?nico se?or de la cr?tica. La autocr?tica se hizo obligatoria y se tradujo en purgas y asesinatos.

Hoy en d?a, la carencia de mecanismos que propicien la autocr?tica frecuente hace que muchos grupos progresistas pierdan el sentido cr?tico. Sobre todo cuando asumen el gobierno y se dejan cegar por la ilusi?n de que ejercen el poder. Lo cierto es que el poder no siempre ocupa el gobierno, pero ejerce una presi?n sobre ?l ?econ?mica, social, pol?tica e ideol?gica? que solo puede contenerse y vencerse mediante otra instancia que lo supere: el poder popular.

Los avances conquistados en las ?ltimas d?cadas por gobiernos progresistas en Am?rica Latina son significativos en cuanto a sus dimensiones econ?micas, sociales, pol?ticas y ambientales. Pero no se puede afirmar lo mismo en cuanto a su dimensi?n ?tica. Ciertas fallas han comprometido la credibilidad del proceso de cambios y de algunos de sus l?deres. Tal vez Jes?s, Gandhi, Luther King y Mandela no hayan tenido, hist?ricamente, el ?xito que esperaban. Pero sus testimonios ?ticos perduran como referencia ejemplar de conducta militante y del valor de las causas que encarnaron.

Por tanto, el desaf?o futuro para la emancipaci?n de Am?rica Latina consiste en asociar un profundo proceso de cambios estructurales que la libere progresivamente de la hegemon?a capitalista, con actitudes ?ticas que pongan de relieve la diferencia con los enemigos de clase. Pero eso no puede depender exclusivamente de virtudes personales. Urge crear mecanismos institucionales que impidan los desv?os ?ticos. No hay que esperar una ?tica de los pol?ticos, sino una ?tica de la pol?tica, o sea, una institucionalidad gubernamental que inhiba todos los procedimientos que favorezcan los privilegios personales, lesivos a los intereses y derechos de la colectividad.

Ser ?tico, por consiguiente, es una opci?n revolucionaria, capaz de engendrar el hombre y la mujer nuevos so?ados por la utop?a comunista.



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