Una apreciación del tipo de cambio del euro como la iniciada en 2002 resta aproximadamente
un punto al crecimiento del PIB en los dos últimos años, según las simulaciones
realizadas por el Servicio de Estudios del Banco de España.
Según el estudio, elaborado por Angel Estrada y Javier Torres, la revalorización
efectiva del euro en el periodo 2002-2003 fue de un 14,4% en términos nominales,
y se tradujo en una apreciación del componente nominal de los índices de competitividad
españoles del 0,9% en 2002 y del 3% en 2003, dando lugar a un considerable deterioro
de la competitividad-precio de la economía española.
El modelo de simulación del Banco de España predice que ante una perturbación
de estas características, con una apreciación del euro de idéntica magnitud a
la que se produjo en 2002 y 2003, cabe esperar una reducción del PIB y de los
precios respecto a sus niveles en ausencia del 'shock'.
La apreciación del euro supone, según el Banco de España, una reducción de los
precios de exportación de los países que no pertenecen a la Unión Monetaria, lo
que induce a una disminución de las exportaciones en términos reales (3,13 puntos
en el segundo año).
Los precios de las importaciones también se reducen, dando lugar a una sustitución
de producción nacional por producción importada.
La menor presión de la demanda lleva a las empresas a reducir su producción y
su demanda de factores productivos (capital y trabajo).
Como consecuencia de ello, la reducción del empleo (0,77 puntos en los dos años)
produce una caída de la renta disponible de los hogares (0,13 puntos el segundo
año) y un ajuste a la baja del consumo privado (0,08 puntos) y de la inversión
residencial.
La menor demanda supone una reducción de la formación bruta de capital fijo respecto
al escenario central (0,72 puntos el segundo año) y en términos de crecimiento
del PIB, las desviaciones sobre el escenario base son de 1,03 puntos (-0,21 en
2002 y -0,82 en 2003).
En cuanto a los efectos sobre la inflación, la reducción de los precios de importación
induce una disminución del deflactor del consumo privado, que reduce la presión
salarial, con lo que el IPC disminuiría 0,84 puntos (0,13 en 2002 y 0,71 en 2003).
Asimismo, el déficit público aumentaría 0,42 puntos en diferencias absolutas como
porcentaje del PIB, asociado al funcionamiento de los estabilizadores automáticos.
PERTURBACION DE LA POBLACION EN EDAD DE TRABAJAR.
Por otra parte, el Banco de España hace otra simulación con un aumento de la población
en edad de trabajar motivado por el incremento de la inmigración como el registrado
desde 2001 (35% en promedio anual), prediciendo ante ello un mayor aumento del
PIB (0,19 puntos en 2003) y un menor aumento de los precios (medio punto).
El crecimiento de la población en edad de trabajar se ha desacelerado en los últimos
tres años, pero dicha desaceleración hubiera sido aún mayor sin el considerable
aumento de la población inmigrante, que ha pasado de representar el 1,2% del total
en edad de trabajar a principios de 2000, al 3,8% a principios de 2004, según
datos de la EPA.
El efecto más inmediato del fenómeno migratorio es el incremento de la población
activa (0,63 puntos en 2001, 1,33 en 2002 y 2,51 en 2003) o de la oferta de trabajo,
que induce una elevación en el número de desempleados (0,55, 1,13 y 2,11, respectivamente).
Al haber más individuos buscando empleo, se generan presiones a la baja sobre
los salarios (-0,8 puntos en 2003), con lo que disminuyen los costes laborales
de las empresas (-0,79), que reaccionan reduciendo sus precios de producción y
sustituyendo capital por empleo.
De esta manera, comienzan a absorber el exceso de oferta de trabajo. A su vez,
la reducción de los precios de producción hace que aumente el poder adquisitivo
de los trabajadores.
Además, al haber más personas trabajando, la renta disponible de los hogares es
superior en términos reales (0,24 puntos), lo que estimula su demanda de bienes
de consumo y la compra de viviendas.
En el caso concreto de bienes de consumo, una parte de esta mayor demanda interna
se filtra al exterior a través de las importaciones, y otra parte incrementa la
demanda percibida por las empresas nacionales, que también se ve estimulada por
el aumento de la demanda externa que se deriva de la reducción de los precios
de exportación.
Para poder satisfacer esta mayor demanda, las empresas incrementan sus dotaciones
de factores productivos, con lo que tanto la inversión (0,08 puntos) como el empleo
(0,20 puntos) se elevan con respecto al escenario en el que no se produce esta
perturbación.
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