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LA DEUDA DE LAS FAMILIAS ESPAÑOLAS ALCANZA EL 90% DE SU RENTA

03 de Mayo de 2004, 09:36
El endeudamiento de las familias españolas en relación a su renta bruta disponible
se ha duplicado en la última década, pasando del 45 por ciento a principios de
los noventa hasta alcanzar el 90 por ciento con los últimos datos disponibles,
según refleja el estudio sobre "Evolución reciente del patrimonio de empresas
y familias en España: Implicaciones macroeconómicas" elaborado por el director
general del Servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina.




Con este incremento, los hogares españoles, que partían de un grado de endeudamiento
muy inferior al de la media de los países de la zona euro, la ha sobrepasado en
muy breve espacio de tiempo, aunque mantienen todavía registros considerablemente
menores a los de Estados Unidos o el Reino Unido.



Según el estudio del Banco de España, los cambios del comportamiento financiero
de las familias durante la última década se insertan en un contexto macroeconómico
muy favorable a las decisiones de gasto de los hogares, como consecuencia de los
efectos inducidos por el proceso de incorporación a la Unión Monetaria que aunaron
mejoras en la renta esperada, abaratamiento de los costes de financiación e incremento
de la riqueza.



La tasa de ahorro mostró una tendencia descendente durante la segunda parte de
la década que llevó a un mínimo ligeramente superior al 9 por ciento de la renta
bruta disponible durante 2001, cuando inició una leve recuperación.



El "motor" principal del creciente endeudamiento ha sido, según el organismo emisor,
la fuerte expansión de la financiación para la adquisición de viviendas, normalmente
con hipotecas contratadas a tipos de interés variable (este tipo de créditos suponen
el 60 por ciento del total).



AUMENTA LA RIQUEZA DE LAS FAMILIAS.




No obstante, al mismo tiempo se ha producido un importante aumento de la riqueza
de las familias, tanto en activos reales, mediante la adquisición y revalorización
de viviendas, como en activos financieros, con una pérdida de importancia relativa
del efectivo y los depósitos bancarios y un incremento de los instrumentos negociables
(acciones, participaciones en fondos de inversión y, en menor medida, reservas
técnicas de seguros).



De esta manera, los activos de renta variable han duplicado su peso relativo en
la cartera de las familias, hasta el punto de equiparar aproximadamente la participación
del efectivo y los instrumentos de renta fija.



Por todo ello, las rentas de capital de las familias se han hecho menos sensibles
a las variaciones de los tipos de interés, cuya influencia sobre las rentas familiares
se ha debilitado considerablemente, aunque en contrapartida se incrementa de forma
sustancial la exposición directa a las variaciones en los precios de los activos
reales y financieros.



ENDEUDAMIENTO DE SOCIEDADES NO FINANCIERAS.



Por otra parte, el estudio del Banco de España señala que las empresas no financieras
han expandido su balance con un perfil parecido al de las familias, pero a un
ritmo ligeramente superior, pasando la proporción de los pasivos en relación al
PIB del 150 por ciento a principios del periodo hasta el 280 por ciento según
los datos más recientes.



Además, la ratio de endeudamiento de las sociedades no financieras en relación
al excedente bruto de explotación ha subido desde cotas inferiores al 250 por
ciento a mediados de los noventa hasta cerca del 450 por ciento al final del periodo,
superior a la eurozona.



La composición de los pasivos, aunque se ha visto lógicamente afectada por los
efectos de valoración inducidos por las oscilaciones de los mercados bursátiles,
ha permanecido relativamente estable, de manera que las empresas han recurrido
más a los mercados para la ampliación de los recursos propios mediante la emisión
de acciones, pero la financiación ajena ha seguido descansando de forma preponderante
en el crédito.



Según el estudio, el desarrollo del sistema financiero español y los cambios en
el entorno institucional han contribuido a relajar las restricciones que limitaban
la capacidad de las familias y las empresas para distribuir sus decisiones de
gasto en el tiempo.



Esto ha propiciado que tanto el consumo como la inversión dependan en menor medida
de las rentas corrientes y, en cambio, sean ahora más sensibles a las variaciones
en su coste de oportunidad y, por lo tanto, en los tipos de interés.



ALTERACIONES DE TIPOS DE INTERES.




Así, en el caso español cabe esperar que las variaciones observadas en el nivel
de endeudamiento y en la composición de los activos de las empresas y, principalmente,
de las familias, hayan tendido a reforzar la respuesta del consumo y la inversión
de la economía a alteraciones en los tipos de interés y en los precios de los
activos reales y financieros.



Las estimaciones realizadas por el Banco de España concluyen con aumento de los
tipos de interés de dos puntos hubiera supuesto en 1990, a lo largo de 3 años,
un nivel del PIB inferior en 1,2 puntos porcentuales al del escenario base.



La misma perturbación tendría en 2002 un efecto de 1,8 puntos porcentuales sobre
la producción agregada de la economía, debido en su mayor parte al aumento estimado
de los efectos riqueza.



De este modo, la evidencia presentada apunta a un probable aumento de la sensibilidad
del gasto a los tipos de interés y la riqueza en los últimos años con efectos
potencialmente relevantes sobre el mecanismo de transmisión de la política monetaria.




En opinión del Banco de España, cabe esperar que el gasto de una familia se reduzca
significativamente si se produce una perturbación que la sitúa en una posición
patrimonial frágil.



Sin embargo, si esta se encuentra en una situación suficientemente holgada su
repuesta será, lógicamente, menor.



En esa dirección apunta, por ejemplo, la evolución del ahorro de las familias.




El estudio revela que el ahorro no comprometido, que en 1996 representaba el 8
por ciento de la renta disponible, se situaba por debajo del 1 por ciento en 2002
para repuntar ligeramente en los últimos meses.



El bajo nivel de este indicador indica que el sector de hogares dispone de un
escaso colchón de ahorro para hacer frente a subidas significativas de tipos de
interés.



"De hecho --afirma-- cabe pensar que si estas se produjeran, un número no desdeñable
de familias, que tienen limitaciones para reducir sus tenencias de activos o recurrir
a nuevos créditos, pueden verse abocadas a tener que ajustar su consumo -más allá
de lo explicable por un simple efecto sustitución- con objeto de poder hacer frente
a sus compromisos financieros".



En el caso de las empresas, el endeudamiento y la rentabilidad de las sociedades
no financieras afectan de modo significativo a la demanda de empleo y capital.




De esta manera, en caso de producirse una elevación de los tipos de interés, la
carga financiera que soportan las entidades no solo aumentaría en mayo medida
en una situación como la actual que en el pasado, dado que las empresas están
más endeudadas, sino que el efecto de este aumento sobre la inversión y el empleo
sería más pronunciado.



Así, los efectos de un incremento de 2 puntos porcentuales del tipo de interés
sobre la carga financiera -medida como la ratio del coste de la deuda sobre el
resultado bruto de explotación- aumenta de seis puntos porcentuales en 1995 a
ocho en 2002.



El efecto del aumento de los tipos de interés sobre la inversión agregada pasa
de apenas 0,1 por ciento en 1995 a 1,3 por ciento en 2001.



Del mismo modo, el empleo se reduciría en 2001 en más de un 1,5 por ciento, cuando
esta caída apenas llegaba a 0,3 por ciento en 1995.