En un artículo de principios del pasado mes de Mayo
comentábamos la importante polémica generada intentando dar respuesta a la aparentemente
simple pregunta de cuánto ganan las empresas. La polémica no sólo no ha mitigado
desde que escribimos aquel artículo sino que se encuentra prácticamente a diario
en las portadas de los periódicos.
Entonces decíamos que el hecho es que el concepto de beneficios es de por sí altamente
subjetivo, y puede dar lugar a una amplísima variedad de cifras en función de
la distinta aplicación de criterios contables. Esto es así no sólo cuando se recurre
a técnicas "creativas" o ilegítimas sino incluso cuando quien realiza los cálculos
se mantiene estrictamente dentro de la legalidad vigente.
Uno de los últimos ejemplos de la subjetividad de los beneficios, en este caso
aparentemente dentro de la legalidad, está en las notas de prensa que ha tenido
que sacar estos días el mayor grupo cotizado en la bolsa española, Telefónica;
tres de las compañías que lo forman (la matriz, la
filial de móviles y la de Internet)
han salido a la palestra para explicar por qué las cuentas presentadas en EE.UU.
y en España no coinciden ni de lejos en cuanto a beneficio neto se refiere.
Quizá el caso más espectacular sea en concreto el de Terra, que aplicando
los principios contables norteamericanos obtuvo en 2001 unas pérdidas veinte
veces mayores a lo declarado en España, siguiendo los principios contables aplicados
en nuestro país. Pero el tema obviamente no se limita al Grupo Telefónica, y por
ejemplo otra gran empresa que ha dado recientemente este
tipo de explicaciones es el BBVA.
Aunque los titulares generados por estas noticias resultan tremendamente chocantes,
en justicia hay que reconocer que la información que contienen no es, o no debería
ser, nueva. El caso se parece a lo que ocurrió hace unos meses con Terra, cuando
la presentación de un informe a la SEC (la CNMV americana) en el que la compañía
parecía tirar piedras contra su propio tejado al advertir sobre los numerosos
riesgos a que se enfrentaba, levantó ampollas entre muchos inversores.
Realmente este tipo de informes son muy similares en todas las empresas cotizadas
en EE.UU. y lo son porque así lo requiere la propia SEC. De hecho en España la
CNMV está moviéndose hacia la misma tendencia, y por ejemplo cualquiera de los
últimos "folletos informativos" presentados en la CNMV con motivo de una salida
a bolsa contiene curiosas advertencias sobre el peligro y los riesgos de invertir
en la compañía.
Pero si en España, crucemos los dedos, aún no ha surgido ningún gran caso de manipulación
de los resultados fuera de la ley, los ejemplos de esta fea costumbre a nivel
internacional están surgiendo como champiñones. Por citar algunos ejemplos están
Enron (la pionera), Worldcom (hoy al borde de la quiebra),
Merck o Vivendi
Universal.
En EE.UU., el país más afectado hasta el momento, ya se han
puesto en marcha medidas especiales para enfrentarse a esta crisis, que no
sólo afecta a las empresas que manipulan sus cuentas sino que se extiende por
lo menos a las auditoras encargadas de vigilarlas y a los analistas profesionales
encargados de valorarlas.
En nuestro país por el momento la mayoría de las autoridades descartan que vayamos
a ver un proceso paralelo al ocurrido en EE.UU. (el presidente
de la CNMV declaró recientemente por ejemplo que "en España es prácticamente
imposible que se produzca un escándalo de las proporciones del de Worldcom").
Respecto a los fallos en el mecanismo de control que suponen las auditoras, la
opinión oficial generalizada es que la situación tampoco
es extrapolable a nuestro país; lo cierto es que más nos vale que así sea,
porque la auditora más afectada en EE.UU. por los escándalos (Arthur Andersen)
se encarga de vigilar las cuentas de la inmensa mayoría de las empresas cotizadas
en España (en concreto 23 de las 35 del Ibex). Por
si acaso, y aunque la empresa descarta cualquier relación con el asunto, Inditex
ya ha anunciado el cambio de auditor para este año.
Por parte de las empresas españolas la reacción más popular hasta el momento está
siendo la de promover la transparencia en la gestión, básicamente a través del
nombramiento de consejeros independientes que fiscalicen la actividad de las compañías;
lo hemos visto por ejemplo en el Grupo Telefónica,
pero también en el BBVA (en este caso a raíz del
caso de las cuentas ocultas en el extranjero) o en el Santander
Central Hispano.
Desde este último banco han comentado además recientemente que la culpa de todo
el escándalo la tiene la retribución variable
de los directivos ligada a la evolución a corto plazo de la cotización o los
resultados de sus compañía, una costumbre muy extendida en España en los últimos
años.
Tanto si la "basura" internacional termina descubriéndose en España como si no,
lo cierto es que una de las consecuencias de la falta de confianza en el mundo
financiero en general ya se ha traducido en una importante
caída de los españoles que se deciden a invertir en bolsa.
Y entre las respuestas dadas al fenómeno, en nuestro foro ha surgido una promovida
por muchos de los habituales participantes en la creación de una asociación para
la defensa de los pequeños inversores, bautizada como ADEPI y de la que los interesados
pueden encontrar más información en los mensajes
del foro al respecto.
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