Si indudablemente los factores psicológicos juegan un papel crucial en el mundo
de los mercados financieros, posiblemente cuando hablamos de las salidas a bolsa
de compañías el peso de este factor se multiplica.
En las salidas a bolsa al inversor se le pide que ponga su dinero en algo que
todavía no ha pasado el refrendo de los mercados, debe fiarse en exclusiva de
unas pocas valoraciones de expertos (subjetivas y lamentablemente en creciente
descrédito) y por ello en gran medida su decisión se basará en su percepción personal
de la compañía y en el sentimiento al respecto de la operación que pueda calibrar
a su alrededor.
Es por ello que sistemáticamente las vísperas de una salida a bolsa empezamos
a ver masivas campañas publicitarias de empresas que de otro modo no invertirían
un euro en tales menesteres, como es el caso estos días de Enagas (es obvio que
el televidente medio no está interesado en contratar transporte de gas natural,
pero sí en invertir sus ahorros). En esta línea hace unos días nuestro forista
Satán expresaba su miedo ante los numerosos
anuncios de Endesa en televisión, que para él pueden ser el preludio de una emisión
de bonos o una ampliación de capital.
El caso es que si la salida a bolsa de Enagas comenzó con bastante buen pié en
el ámbito psicológico, los últimos días están empezando a surgir algunos obstáculos
que podrían perjudicar el éxito de la operación. Por una parte está el propio
entorno del mercado, que si no cambian mucho las cosas va a recibir a la nueva
incorporación cerca de los mínimos anuales; hasta cierto punto el carácter "defensivo"
de Enagas podría mitigar este factor o incluso beneficiar a la compañía, aunque
está claro que el ánimo de los inversores no es el mejor del mundo en esta época.
Además está el hecho de que, confirmando los pronósticos, algunos inversores institucionales
han anunciado su decisión de no acudir a la operación; es el caso de compañías
eléctricas como Iberdrola, que como crecientes consumidoras de gas debieran estar
especialmente interesadas en entrar en el capital de Enagas.
Por último la propia Enagas y los bancos que coordinan la operación han decidido
fijar el precio máximo minorista de la operación en 7,55 euros, el mayor precio
posible dentro de la banda orientativa que en su día proporcionó la compañía;
la decisión se apoya en la fuerte sobresuscripición que se ha producido hasta
la fecha, que ha podido hacer pensar a sus organizadores que el éxito está asegurado.
Como comentábamos en un artículo sobre la salida a bolsa
de Enagas, éste no parece a priori un precio desorbitado; sin embargo queda
por encima de algunas de las valoraciones realizadas por terceros bancos, y por
otra parte la aparente "codicia" de los organizadores de la OPV ha empezado a
generar cierto malestar entre los potenciales inversores, y en nuestro
foro ya han surgido comentarios que hablan de los "empomados" en Enagas. De
hecho se dice que los propios bancos colocadores de la operación están presionando
a Gas Natural para que rebaje finalmente el precio de salida de su filial.
Indudablemente este tipo de factores no tienen porqué provocar el fracaso de la
salida a bolsa de Enagas, pero tampoco invitan a un optimismo desaforado. Es lógico
pensar que los responsables de la operación no querrán poner en peligro el éxito
de la OPV, con el riesgo que ello supone teniendo en cuenta que es la primera
en una larga temporada en la bolsa española, y que de su evolución podría depender
que nuevas compañías se animen a intentarlo.
Por eso no sería extraño que el lunes el precio institucional de la colocación
(y con él el destinado a los minoristas) sea fijado por debajo de los 7,55 euros,
restando parte de las ganancias a Gas Natural para entregárselas a unos inversores
muy castigados en los últimos años.
Al margen de la salida a bolsa de Enagas es interesante señalar cómo son varias
las empresas que se han visto afectadas por problemas de ámbito psicológico en
sus procesos de salida a bolsa. Hace tiempo hablábamos
en otro artículo del caso de Parques Reunidos, que el día de su estreno en
el parquet sembró el pánico en la Bolsa de Madrid con las peligrosas andanzas
de una elefanta desbocada; desde entonces la acción ha caído un 60%.
Hoy se está dando otro caso curioso y bastante cómico, salvo desde el punto de
vista de los directamente afectados, en la división de consultoría de Price Waterhouse
Coopers; esta división está actualmente en proceso de separación de su matriz
(dedicada a la auditoría), en línea con lo que han hecho los grandes grupos del
sector en los últimos años (en especial desde que el caso Enron destara la polémica
sobre el conflicto de interesas entre auditores y consultores).
Dentro de este proceso de separación, la división de consultoría ha cambiado su
denominación a la de Monday (la auditoria conserva el nombre de Price Waterhouse
Coopers), y tiene previsto salir a bolsa a finales del actual ejercicio. Para
presentar su nueva identidad corporativa (en la que han invertido más de 100 millones
de euros), han creado una página web llamada introducingmonday.com ("presentando
a Monday").
El caso es que algún avezado bromista ha registrado en el Reino Unido (uno de
los principales mercados de Monday) el mismo
nombre de dominio con la extensión inglesa y ha creado una web en la que se
comenta el cambio de denominación de la consultora, y se muestran unos burros
bajo el comentario de "Tenemos vuestro nombre, la, la, la, todo el mundo lo
sabe".
Todo un gol para una compañía que se presenta como líder en la consultoría de
gestión y servicios tecnológicos, con más de 33.000 empleados y ventas anuales
de más de 7.000 millones de euros, y que tendrá que esforzarse bastante para lavar
su imagen si pretende que su salida a bolsa sea un éxito.
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