El comienzo de Julio nos ha traído una vez más caídas generalizadas en las bolsas
de todo el mundo; de nuevo las malas
noticias sobre beneficios de varias empresas (en particular de sectores tecnológicos),
los persistentes síntomas de debilidad económica y, especialmente en el caso de
España, los problemas financieros en
Latinoamérica han pesado significativamente en las cotizaciones: el Ibex
35 termina la semana en un nuevo mínimo anual.
Todo ello se produce al comienzo de un semestre que para muchos analistas debería
marcar el punto de inflexión hacia una recuperación... Esta visión, que much@s
consideran demasiado optimista, tiene ciertos fundamentos: básicamente la idea
es que el motor de la economía mundial (EE.UU.) ha puesto en marcha toda su maquinaria
para propiciar esa recuperación: sobre todo las considerables bajadas de tipos
de interés y de impuestos, ambas con el objetivo de entregar dinero a los agentes
económicos para que lo gasten e inviertan.
En Europa la esperanza sería que nos viéramos beneficiados por esa recuperación
de la mayor economía del mundo, porque por parte de nuestras autoridades económicas
de momento parece que podemos esperar poco (estos días vuelve a surgir el concepto
de "Euroesclerosis")... sin embargo es más que probable que en las próximas semanas
veamos aplicar aquí las mismas recetas que al otro lado del Atlántico.
Pues bien: que sean los optimistas o los pesimistas quienes acierten es en exclusiva
un juego psicológico: si verdaderamente las medidas comentadas tienen su efecto
animador en los agentes económicos con relativa rapidez los optimistas se llevarían
la palma; y si eso va a ocurrir o no es, en mi humilde opinión, absolutamente
impredecible... las pistas que nos dejan los datos son
de momento mixtas, aunque esta misma semana hemos conocido al menos un dato que
invita al optimismo (me refiero al NAPM americano).
Lo que es indudable es que ese cambio psicológico acabará ocurriendo tarde o temprano;
en cierta medida la situación que vivimos hoy se parece mucho a la vivida hace
pocos años cuando Brasil devaluó fuertemente su divisa (problemas en Latinoamérica)
y cuando también se veían de vez en cuando acciones cayendo más del 50% en un
solo día (cuando menos eso es algo tan viejo como el Nasdaq).
En aquellos momentos hubo comentarios catastrofistas pero las principales economías
y bolsas del mundo se recuperaron en pocos meses... sobre todo porque hubo un
cambio de chip psicológico. Con ello no pretendo decir que el pesimismo vaya a
terminar pronto, sólo que por muy mal que parezcan ir las cosas es posible una
recuperación.
Quizá la seguridad que muestran muchos analistas y expertos en su optimismo tiene
algo que ver con esas motivaciones psicológicas: si el mensaje es positivo estamos
viendo otra herramienta para levantar el ánimo de los agentes económicos, si es
negativo estamos empeorando la situación... Y puede que, con las críticas que
muchos inversores hacen a los "siemprealcistas" (un concepto muy comentado en
nuestro foro), éstos tienen cuando menos esa excusa: si nadie
sabe lo que va a ocurrir, quizá sea más rentable para todos transmitir un mensaje
optimista.
Entretanto es en mi opinión una pena observar como los pequeños inversores españoles
cada vez se alejan más de la bolsa en tiempos como los que vivimos; sin saber
qué va a ocurrir en el futuro, un ahorrador avezado debería estar hoy acumulando
prudente y fríamente posiciones en bolsa, salvo si se considera capaz de predecir
cómo evolucionará el sentimiento psicológico general y vaticina un oscuro futuro
(como por ejemplo mis compañeros partidarios del Análisis
Técnico).
Para terminar hay que señalar que esta semana hemos visto otra vez cómo muchas
empresas están aprovechando estos momentos difíciles para, a su manera, tomar
posiciones con cierta frialdad de ánimo: la eléctrica Endesa
sigue apostando por comprar en Latinoamérica e Italia, Unión
Fenosa refuerza su apuesta por Europa del Este, el BBVA
podría crecer en Francia y el BSCH, en contra de
lo que parecía apuntar su reciente plan estratégico,
se ha ido de compras en Alemania y ha recibido por ello el castigo de unos inversores
centrados en el corto plazo.
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