Todo comienza cuando en el país asiático, los bancos empezaron a comprar
acciones y terrenos con el dinero proveniente del elevado superávit comercial
que por aquel entonces mantenía el país. Así comienza una espiral ascendente donde
la subidas que se producían en el mercado inmobiliario, alimentaban al mercado
de valores y éste, a su vez, revertía sobre el inmobiliario.
La lógico del proceso era la siguiente: las subidas en el mercado inmobiliario
provocaban que el valor de las empresas que tenían propiedades aumentase, lo que
servía como garantía para comprar más acciones. A su vez, el incremento
del precio de las acciones, hacía que las empresas y los particulares dispusieran
de mayores beneficios, los cuales volvían a destinarse a la compra de terrenos,
con lo que se iniciaba un nuevo ciclo de incrementos.
A todo lo anterior habría que sumar además, dos hechos importantes que contribuyeron
a alimentar el proceso, como fueron: el incremento de la oferta monetaria,
que entre 1987 y 1990 creció a una media de un 9% anual y el fuerte endeudamiento
en que incurrieron tanto las empresas como los particulares, al solicitar préstamos,
que luego serían empleados en la especulación inmobiliaria y bursátil.
Todo ello provocó que el Nikkei pasará de los 12.000 yenes en que estaba a comienzos
de 1985, a los 39.000 en los que se situó a finales de 1989, mientras que el valor
de la tierra se multiplicó por tres entre 1985 y 1991.
Sin embargo, el estallido de la "burbuja financiera" se produjo cuando
el Banco Central de Japón, en su intento por frenar la continúa depreciación del
yen frente al dólar y de alejar el temor a un repunte de la inflación, decidió
subir los tipos de interés desde el 2,5% en que se encontraba a principios
de 1989, hasta el 6% en que se situaron en agosto de 1990.
De esta forma, las consecuencias de dichas medidas para la economía japonesa fueron
dramáticas, ya que tan sólo nueve meses después de que estallara la burbuja, nos
encontramos con que el Nikkei había perdido un 45% de su valor, mientras que las
entidades financieras se encontraban con un gran volumen de préstamos que no iban
a poder ser recuperados y más si tenemos en cuenta que esos préstamos fueron realizados
tomando como garantía, propiedades y acciones, activos que cayeron a menos de
la mitad de su valor desde 1990.
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