Después de que la economía japonesa creciera a una media anual del 4,4% durante
la década de los 80, en los años posteriores el crecimiento a penas ha superado
el 1,5%.
La desaceleración en el crecimiento se debe tanto a factores estructurales
como coyunturales. Dentro de los primeros, se encuentran el "capitalismo
paternalista", con una serie de regulaciones y vínculos especiales entre las
empresas, los bancos y el Gobierno, el envejecimiento de la población y
la debilidad del sistema financiero que se produjo a raíz del hundimiento
de la bolsa a principios de la década de los 90. Mientras tanto, entre los factores
coyunturales, podríamos destacar los siguientes:
- La debilidad del consumo: A pesar de que la demanda interna supone el
60% del PIB y de los diferentes intentos realizados por el Gobierno para que ésta
se incremente, el consumo sigue sin despegar.
- El incremento del paro: El desempleo se sitúa en niveles cercanos al
5% de la población, cifra cómoda para las economías occidentales, pero no para
Japón, donde el mercado de trabajo es sumamente rígido y no existen mecanismos
flexibles para que un despedido reingrese en el mercado laboral, lo que añade
una gran sentimiento de incertidumbre y está afectando directamente al consumo
de la población.
- El descenso en las inversiones por parte de las empresas: El exceso de
capacidad motivado por los descensos en la demanda interna y externa (sobre todo
a partir de la crisis del sudeste asiático en 1997), el descenso continuo en los
beneficios de las compañías y las dificultades para obtener créditos, como consecuencia
de la grave crisis que atraviesan las entidades financieras, son los principales
motivos para explicar este hecho.
- La deflación: Este es otro de los grandes problemas de los que adolece
la economía japonesa y está directamente relacionado con la debilidad del consumo
y el descenso en las inversiones expuesto anteriormente, ya que mientras que los
consumidores retrasan sus compras ante las expectativas de que los productos cuesten
menos en el futuro, las empresas no encuentran incentivos suficientes para aumentar
sus inversiones, como consecuencia del descenso del precio de los productos que
comercializan.
Así las cosas, las acciones realizadas por el Gobierno con objeto de que el país
salga de la peor crisis desde la posguerra, han ido encaminadas a incrementar
la inversión y el consumo. De esta forma las medidas aplicadas por el mismo,
han sido las siguientes:
- Rebajas en los tipos de interés: Éstos se han situado muy próximos al
0% durante gran parte de la década, en un intento por reavivar el consumo de la
población y permitir que la financiación para las empresas fuese más barata, de
forma que la inversión aumentara.
- Reducciones de impuestos temporales
- Inversión en obras públicas
- Compra de tierras: Para amortiguar el descenso en los precios que se
produjo desde principios de los 90.
Sin embargo, el impacto que estas medidas han tenido sobre el PIB ha sido muy
leve, como consecuencia de:
- La falta de credibilidad del Gobierno, ya que poco más de 1/3 de los
medidas anunciadas, se llevaron finalmente a cabo.
- La fortaleza del yen, que ha provocado que el incremento de la demanda
se dirigiera a productos de importación.
- La inversión en obras públicas se destinó a proyectos poco rentables,
que no tuvieron un efecto duradero en el tiempo.
- Las rebajas de impuestos, tampoco tuvieron el efecto deseado sobre el
consumo, ya que debido al elevado endeudamiento que presenta el gobierno, muchos
de los consumidores pensaban que iba a ser inevitable un aumento de los mismos
en el futuro, para que éste pudiera hacer frente al pago de la deuda.
De esta forma nos encontramos con que después de más de once años desde que se
produjera el crash en la bolsa japonesa, las consecuencias de la especulación
vivida por aquel entonces aún siguen vigentes y el Nikkei, principal índice del
mercado de valores japonés, se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 16
años.