Un 64% de las fusiones y compras bancarias realizadas en 2004 en la Europa de
los Quince se restringieron al ámbito doméstico, porcentaje que
se mantiene en niveles muy similares al 62% del ejercicio 1997 pese a los esfuerzos
acometidos en la Unión para impulsar el mercado único de servicios
financiero.
Así se desprende de un estudio presentado hoy por el Centro de Investigación
de Política Económica (CEPR en sus siglas en inglés), que
constata que la integración bancaria se encuentra "muy por debajo
de las expectativas", a pesar de la introducción del euro y las medidas
adoptadas de liberalización y desregulación.
Las fusiones y adquisiciones que involucran al conjunto de la Europa física
con los Quince pasaron, en cambio, a representar un 14% de las operaciones de
consolidación, frente al 8% de 1997; mientras que la cuota de transacciones
con entidades de terceros países no europeos han caído en ocho años
desde un 30% al 21%.
Los autores del informe subrayan que la integración no ha sido lineal en
los distintos tipos de banca, ya que "es alta" en banca mayorista y
en algunas áreas de finanzas corporativas y "modesta" en la enfocada
al cliente particular, que exige una atención "más relacional"
que supone en sí un impedimento para la consolidación.
No obstante, el programa de integración europeo ha agilizado el proceso
de reestructuración en los mercados nacionales con "importantes"
ganancias de tamaño de sus entidades y una aceleración en el grado
de concentración de los mercados más fragmentados.
En España, el tamaño medio de las entidades de crédito -bancos,
cajas, etc- se ha más que triplicado, al pasar desde un volumen de activos
totales de 24.077 millones de euros en 1997 a los 78.560 millones de 2003, según
el estudio elaborado con el apoyo de la Fundación BBVA.
La banca española se convierte así en la sexta más grande
de la Europa de los Quince, detrás de Holanda (el valor medio de los activos
era de 256.809 millones), Francia (238.456 millones), Reino Unido (214.283 millones),
Bélgica (171.183 millones) y Alemania (110.608 millones de euros).
No obstante, el tamaño de la banca española se mantiene por debajo
de los 94.323 millones en activos que tienen de media los bancos de los Quince,
y la cuota de activos en manos de las cinco entidades de mayor dimensión
es del 44%, una de las más bajas de Europa.
En Holanda, por ejemplo, las cinco primeras entidades copan un 84% del mercado
doméstico; en Bélgica un 83%, en Finlandia un 81%, en Grecia y Dinamarca
los cinco primeros operadores se reparten un 67% del mercado y en Portugal el
porcentaje se eleva al 63%.
El coautor del estudio, investigador de ICREA-UPF y catedrático de Estudios
Europeos de Insead, Xavier Vives, atribuyó la mayor segmentación
de la banca para particulares en la existencia de "muchas barreras",
como las distintas regulaciones y sistemas fiscales en cada país, el proteccionismo
de los "campeones nacionales" o del mercado y las mismas "preferencias"
de los consumidores.
Vives admitió que no es fácil que la banca minorista llegue a alcanzar
el elevado grado de concentración conseguido por la mayorista por su exigencia
de proximidad al cliente y estimó que no se debería apostar por
"una armonización excesiva" para "forzar" la concentración
en este ámbito.
IMPEDIMENTOS "ARTIFICIALES" A LA CONCENTRACIÓN.
No obstante, denunció que persisten numerosos impedimentos "artificiales"
e instó a las autoridades a evitar que se mantengan "las barreras
proteccionistas" y se supriman aquellas que discriminen al operador foráneo
para proteger a sus entidades financieras nacionales.
Vives apostó por la creación de "mecanismos más centralizados"
que ayuden a la integración europea y defendió que no se espere
a que todos los países estén preparados para favorecer las concentraciones
sino que se deje realizar operaciones a las que ya puedan acometerlas. "Que
los que puedan tirar tiren", reivindicó.
En términos de defensa de la competencia, a su juicio, deben jugar las
autoridades nacionales a nivel doméstico "para impedir concentraciones
excesivas en perjuicio de los consumidores", pero también conminó
a que las europeas "sean vigilantes a las barreras artificiales" a la
penetración en la Unión Europea.
El también coautor del estudio, catedrático y director del departamento
de Economía del IESE, Jordi Gual, subrayó que la integración
de los mercados financieros "no es en sí un objetivo", sino que
la meta de la UE debe ser la consecución de un mercado que permita a los
consumidores un mayor acceso a los servicios bancarios, que redundaría
en menores costes para ellos por la mayor competencia.
"Lo importante es facilitar el acceso a los servicios financieros al mejor
precio y eso va a llevar al nivel de integración que sea necesario",
insistió.
En opinión de Gual, este objetivo supone "remover las barreras artificiales"
y "evitar" las regulaciones discriminatorias para las entidades extranjeras
y "que favorezcan al operador nacional".
Enlace con el sector bancario.
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