Un 35 por ciento de los consumidores españoles han castigado alguna vez en sus
decisiones de compra a empresas no responsables, aunque pocos de ellos buscan
proactivamente productos de características éticas, según la encuesta realizada
por PricewaterhouseCoopers (PwC); esta investigación destaca también que las iniciativas
solidarias empresariales son menos apreciadas por los ciudadanos de lo que las
compañías creen.
Según el informe 'La actitud del consumidor hacia la RSC', centrado en la industria
de la alimentación, existe un sector poblacional "sensible" a la responsabilidad
social y medioambiental de las empresas: un 4% castiga "siempre o a menudo" a
las compañías no responsables, y otro 31% lo ha hecho alguna vez. Un 63%, por
el contrario, nunca lo ha hecho.
En cuanto a la 'predisposición a castigar', un 28% asegura estar dispuesto a hacerlo
siempre y un 46% a hacerlo alguna vez, mientras que un 8% asegura que nunca lo
hará y un 18% que probablemente nunca.
Sin embargo, a la hora de buscar productos responsables de forma proactiva, sólo
el 14% tiene siempre esta actitud, un 45% alguna vez, y un 40% nunca se lo plantea.
Asimismo, la encuesta revela que un 5% de los entrevistados estaría dispuesto
a pagar hasta un 20% más por productos con garantías éticas, un 34% llegaría hasta
el 5-10% más, y un 48% lo aceptaría pero sin superar el 5%.
Price apunta que las empresas tienen que estar "alerta" a estas nuevas sensibilidades,
dado que el volumen de consumidores concienciados "puede tender a aumentar".
El perfil del consumidor con más preocupación por la ética del sistema productivo
son los jóvenes de mayor poder adquisitivo, estudios superiores, frecuencia de
compra de una o dos veces al mes, esencialmente en hipermercados, que ya compran
productos biológicos o de comercio justo y que se consideran "poco o nada informados".
En el otro extremo, como consumidores menos concienciados, se encuentran las personas
mayores de menor poder adquisitivo, con estudios primarios o sin estudios, con
alta frecuencia de compra (dos o tres veces por semana), clientes de mercados
y tiendas de barrio, y que se consideran "bastante informadas".
Una de las claves es precisamente la información que recibe el consumidor: "cuando
recibe un mensaje claro sobre un 'producto responsable', es más proactivo en su
compra".
De hecho, sólo un 26% de los encuestados dice tener suficiente información sobre
las prácticas sociales y medioambientales de las empresas, y un 38% menciona la
desinformación como principal causa para no comprar productos responsables.
PREOCUPADOS POR LOS DERECHOS HUMANOS
En cuanto a los principales motivos de sanción a una empresa, la mayoría de los
consumidores mencionan cuestiones relacionadas con los Derechos Humanos o con
la salud: mano de obra infantil o trabajo forzoso (86%), seguridad e higiene alimentaria
(84%), pruebas con animales (73%), violación de los Derechos Humanos (73%) y discriminación
por género, raza o religión (72%).
En su segundo bloque, aparecen otras preocupaciones como la publicidad engañosa
o no respetuosa, la falta de garantías en la salud y seguridad de los empleados,
el reducido esfuerzo medioambiental o el fraude.
Ya por debajo del 60% aparecen como motivo de castigo cuestiones como los despidos
improcedentes, el abuso de poder ante los proveedores o el pago de sueldos por
debajo de la media.
En esta misma línea, como actuaciones que las empresas deben potenciar en el marco
de la RSC, los encuestados ponen el acento en el trato a los empleados (36,9%),
el Medio Ambiente (32,5%) y la calidad y la seguridad (12,3%). Muy por detrás
aparecen los programas solidarios y de acción social, con un 2,9%.
En este punto, los analistas de Price subrayan que "las acciones sobre la comunidad
local no inherente a sus actividad, como las donaciones y la obra social, no parecen
ser tan apreciadas por los consumidores como generalmente se tiende a pensar en
las empresas".
PESIMISMO Y DESCONFIANZA
De hecho, un 53% de los consultados considera que las políticas de RSC de las
empresas no son más que "maquillaje", mientras que un 40% considera que sí existe
un "esfuerzo real".
Así, un 55% se siente más bien "pesimista" sobre los progresos en este ámbito.
"Los consumidores se muestran desconfiados, ya que están empezando a percibir
que hay empresas que utilizan la RSC para aprovecharse del impulso de mercado
y no para cambiar su actitud", consideran los investigadores de Price, que recuerdan
a las empresas que la verdadera responsabilidad pasa por integrar en la gestión
las preocupaciones expresadas por los grupos de interés.
Asimismo, considera que las empresas deben empezar por evaluar sus riesgos en
materia de RSC derivados de su cadena de valor, y asegurarse "de que existe un
plan adecuado para mitigarlos", por ejemplo mediante la trazabilidad de los productos
o el establecimiento de indicadores, controles y códigos de buenas prácticas.
La encuesta se realizó durante los meses de octubre y noviembre de 2004 mediante
750 entrevistas telefónicas a personas de entre 18 y 75 años de edad, responsables
habituales del aprovisionamiento de alimentos y bebidas en sus hogares, en Madrid,
Barcelona, Sevilla, Valencia y Bilbao.
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