Las empresas "no deben sentirse en la obligación de hacer el bien" para considerarse
legitimadas en la sociedad, sino tan sólo "hacer negocio" y crear valor para todos
sus grupos de interés o 'stakeholders': accionistas, empleados, clientes, y "por
supuesto" el entorno en el que opera, según defendió el reputado economista, escritor
y empresario británico John Kay, durante su ponencia 'El papel de la empresa en
la sociedad'.
En el marco del ciclo de conferencias 'La Empresa del Mañana' organizado en Zaragoza
por la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes) y el Gobierno de Aragón, Kay insistió
en la idea de que "el negocio del negocio es el negocio", esto es "business of
bussines is business", o lo que es lo mismo, "el propósito de las empresas es
hacer un buen negocio", más allá del objetivo de hacer el bien.
Esa 'legitimación' vendrá derivada del 'buen negocio' que haga la empresa, es
decir, nacerá tras la creación de valor, aportando "a los accionistas gran rentabilidad,
a los clientes, grandes productos o servicios, a los empleados buenas condiciones
laborales y económicas y además, aportar 'algo' a la comunidad en la que opera".
De nuevo, hizo hincapié en el hecho de que las empresas "no tienen la necesidad
de hacer el bien, ni tampoco el derecho a determinar qué es lo bueno".
Su objetivo, por tanto, no es "hacer el bien", sino "ser la mejor empresa", es
decir, destinar los recursos que generan a añadir valor para todos los que se
relacionan con ella. La única manera de aportar ese valor es "siendo la mejor
y controlando sus recursos".
"Eso es lo que convierte a una empresa en legítima entre sus 'stakeholders'":
crear valor para todos y distribuirlo. Uno de los secretos para ello, dijo, es
"observar cómo evoluciona el mercado y adaptarse a él".
RESPONSABILIDAD CIUDADANA
Por su parte, el catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de
Zaragoza Vicente Salas, consideró que el comportamiento "correcto" de las empresas
"es relativo y cambia con el tiempo", es decir, que "depende del papel que se
le otorgue a la empresa en cada momento".
Así, los indicadores que indican cuándo una empresa actúa correctamente, afirmó,
"dependen de la perspectiva que se utilice y de para qué se considere que ha sido
creada la empresa", valoraciones que, a su juicio, "cambian con el tiempo".
En su opinión, y coincidiendo con Kay, el proceso fundamental que debe seguir
una empresa es el de obtención de riqueza, pero defendió que éste "nunca se puede
separar del proceso de reparto de ésta", esto es, ambos "no son procesos separados".
Ante este 'reparto' Salas, Doctor en Dirección de Empresas e investigador invitado
en Universidades de Standford y Connecticut, planteó la cuestión de a quién corresponde
la responsabilidad de un reparto equitativo: si al mercado, a las propias empresas
o al Estado.
En su opinión, a los que realmente hay que pedirles responsabilidad social no
es a las empresas, sino a los propios ciudadanos, que "con sus decisiones de compra
se inclinan por una empresa responsable, o a los inversores que evitan depositar
su dinero en compañías irresponsables".
La empresa, así, "sólo se adapta a lo que el ciudadano, cliente o inversor, con
una actitud responsable, decide". Por ello, consideró que "no puede esperarse
de las empresas más que de cualquier ciudadano".
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